La informática moderna se ha alejado de los ordenadores de escritorio e incluso de los portátiles, que han sido los protagonistas en décadas anteriores. Y es que, actualmente, la mayoría de las tareas informáticas se realizan en dispositivos móviles y más de la mitad de todo el tráfico de Internet procede de teléfonos inteligentes, tabletas y otros dispositivos inalámbricos.
A medida que la informática avanza en su transición de una disciplina estacionaria a una sin ataduras, aumenta la demanda de software capaz de funcionar de forma eficaz en dispositivos móviles. No solo se trata de crear aplicaciones móviles; las organizaciones deben ser capaces de diseñar aplicaciones que, además de poder utilizarse en dispositivos móviles, aprovechen al máximo las capacidades únicas de estos terminales.